hacia un desacato a la calificación cinematográfica

Entrevista realizada por El agente cine a Nicola Ríos, encargado de programación de la Muestra Internacional de Pornografías Críticas Excéntrico.

Pensar la pornografía, sus relatos hegemónicos y alternativos. Atender a su impacto en la vida social de las personas y conectar con agendas críticas de otras sexualidades no heteronormadas. Un proyecto que trae a Chile por primera vez a EXCENTRICOFEST muestra que tendrá versión en Valparaíso el 23 y 24 de Enero y luego en Santiago del 31 de eneroal 2 de febrero. Conversamos con Nicola Ríos, director y una de las mentes detrás de este proyecto que busca explorar y abrir nuevos caminos en el ámbito local de muestras cinematográficas.

Antes que nada ¿por que se decide traer a Excéntrico a Chile? ¿Que les motiva?

Por un lado, queremos retomar un trayecto interrumpido de eventos que ofrecieron espacios de exhibición y articulación de audiencias en torno a pornografías contrahegemónicas, tales como el festival Dildo Roza o lo que fueron 5 años de programación Postporno en el Festival Cine//B. Espacios como estos cumplen un papel importante que no se limita a ‘visibilizar’ obras inéditas, sino que también cumplen un rol performativo, que incentiva la creación y amplia la imaginación cinematográfica, especialmente en lo que refiere al lugar del cuerpo, los placeres y la producción de imágenes sexualmente explícitas.

Por otro, queremos interrogar aquello que se concibe como pornográfico y su relación con la calificación cinematográfica, en la cual se pone en práctica un regimen de delimitación visual. De acuerdo a la ley chilena, lo pornográfico consiste en «la exposición abusiva o grosera de la sexualidad o la exposición de imágenes obscenas, con interacciones sexuales más o menos continuas que, manifestadas en un plano estrictamente genital, constituyen su principal fin». Esta definición no solo es problemática por su ambigüedad y carga moral, sino porque establece una verdadera ‘excepción cinematográfica’ cuando el sexo entra en escena, que también es una excepción en las audiencias y la circulación de dichas imágenes. 

Existen cada vez más producciones que trabajan críticamente con el cuerpo, los placeres y lo sexual explícito que no se limitan a lo «genital» y que no necesariamente incluyen «interacciones sexuales», pero que sin embargo quedan sometidas al riesgo de una calificación que dificulta su circulación por considerarse «obscenas» o «intrínsecamente dañinas u ofensivas». Los lenguajes de la sexualidad son también una posibilidad de abordar cuestiones diversas como la destrucción del medio ambiente, el racismo, las políticas electorales, la educación sexual, la violencia sobre las disidencias sexuales, la agencia sexual desde los feminismos prosexo, los derechos sexuales, entre otros. Esto ha sido entendido por muchos circuitos y festivales que ofrecen ventanas de exhibición para este tipo de producciones, ensanchando lo que es políticamente visible en relación a los cuerpos y deseos, más allá de lo que ya es ampliamente abordado en espacios que declaran un criterio curatorial ligado a políticas identitarias LGBT+. Nosotros coincidimos con lo que esos espacios ofrecen y reivindicamos la necesidad de una exploración radical de las relaciones entre la sexualidad y la producción de imágenes explícitas como un espacio de experimentación política y cinematográfica. 

 Aunque hace unos 10 años viene hablándose del cine «post porno» sigue habiendo una forma hegemónica del porno ¿que contenidos trae Excéntrico que actualiza esta diferencia o discusión?

 Habría que precisar que aquello que se ha llegado a denominar como «posporno» tiene una historia que supera los 10 años y aparece como un concepto esbozado por Annie Spinkle -cuya ultima película está incluida en nuestra programación- hacia inicios de los 90. Y esto coincide no solo con un momento de incursión feminista prosexo en las políticas de producción y representación pornográfica, sino también con un cambio radical en las condiciones de creación y circulación de imágenes con la digitalización del cine y el internet. Esto conlleva transformaciones para la industria y la distribución de la pornografía, pero también nuevas condiciones de producción, representación y distribución de imágenes sexualmente explícitas al margen de la industria y los intereses comerciales. En este sentido, sigo de cerca lo que señala Tim Stuttgen, para quien lo postpornográfico coincide con la desterritorialización del porno mainstream industrial y sus estándares de producción. 

 Dicho esto, Excéntrico es una muestra que trabaja en torno a lo que provisoriamente hemos denominado como pornografías críticas, entendiendo que ello puede abarcar un espectro de producciones que se ubican al margen del mainstream, sea desde el punto de vista de la ética de producción, la política de representación y/o los propósitos a los que sirve su distribución. De allí que Excéntrico recupere la idea de un movimiento al margen o fuera del centro, fuera del mainstream. Esto puede incluir producciones que se reconocen dentro del movimiento posporno, pero también dentro del porno feminista, porno queer/kuir/cuir, porno ético, porno DYS, experimental, entre otros. Esto es una decisión curatorial y también política, pero que de ninguna manera busca modelar un buen gusto sobre el porno o promover una división entre el buen y mal porno, que es un efecto que viene siendo problematizado por los mismos colectivos de producción de pornografías fuera del mainstream. Esos efectos incluyen reforzar el estigma que que recae sobre quienes trabajan y producen imágenes sexualmente explícitas o precarizar el trabajo sexual, lo que fue agudamente revisado en un conversatorio del Porn Film Festival del 2018 al que pude asistir. 

Cuales crees son los principales ejes de la muestra que traes este año? ( una guía analítica para mapear …). 

La muestra está organizada en 5 funciones en las que se distribuyen 30 películas (en su mayoría cortometrajes). 2 de estas funciones son producto de un trabajo de selección y curatoría realizado por Lina Bembe (Mexico/Alemania), Erica Sarmet (Brasil) y Andiara Ramos (Brasil). La función programada por Lina lleva por título «Aprender por los pelos. El potencial educativo del porno» y realiza una propuesta radical de aproximación entre dos campos actualmente en fricción: la educación sexual y la pornografía. Su punto de partida es reconocer la potencialidad pedagógica del porno y de la riqueza de sus narrativas como insumo de educación sexual, específicamente de obras que, en sus propias palabras, «ponen en el mapa aspectos de diversidad, agencia, validación, representación, identidad, practicas sexuales, discursos políticos, disidencias, etc.»

Otra función lleva por título «Pornografía de la vulnerabilidad», programa de cortometrajes diseñado por Erica y Andiara, quienes realizan una lectura doble del cuerpo vulnerable: como interdependencia y fragilidad de cuerpos socialmente marginados y expuestos a la violencia, pero también como resistencia política de dichos cuerpos. En palabras de ambas, «reconocer la vulnerabilidad de los cuerpos y utilizarla estratégicamente como práxis de resistencia política es una premisa de la pornografía de la vulnerabilidad». Así, las obras reunidas en esta función (en su gran mayoría de Brasil) tratan de la exposición corporal como práctica política de la pornografía. 

A las dos funciones anteriores se suma una tercera, cuyo hilo conductor es el trabajo estético y experimental con imágenes sexualmente explícitas, sea a través del protagonismo del recurso cromático o sonoro, la iluminación, las texturas o incluso el vestuario. Por eso esta función lleva por título “Saturaciones pornográficas: colores, texturas y transgresiones”, preparada por Paula Vidal que integra el equipo fundador de la muestra. Por último, cabe mencionar las obras que forman parte de las funciones de inauguración y clausura de la muestra, incluyendo los únicos  largometrajes presentes este año, “W/hole” de Mahx Capacity (2019), «Take me like the sea» de Salty (2017) y “Water makes us wet” de Beth Stephens y Annie Sprinke (2019), ademas del videoclip de Criolo «Etérea» (2019). En todos estos trabajos se desarrolla algo del espíritu colectivo detrás de muchos proyectos de pornografía crítica, cruzando la performance, la danza, el activismo ecosexual y la denuncia de las violencias a la que se exponen las disidencias sexuales.

Por último ¿Cual crees es el futuro de la representación del sexo en el cine post-porno? ¿hacia donde evolucionan estas visualidades?

No estoy seguro si conviene referirnos al cine postporno al modo de un género cinematográfico, atribuyéndole un tipo de representación del sexo o incluso una convención específica de visualidades, estéticas y políticas. Como yo lo comprendo, lo pospornografico es una práctica y un movimiento antes que una identidad, que afecta los modos de hacer y trabajar con imágenes y sexualidades. Y ese movimiento no existiría sin lo pornográfico entendido como un encuadre visual de definición inestable, históricamente variable y culturalmente específica. Digo esto porque he visto ciertos usos de lo postpornográfico para sortear el estigma que recae sobre el porno «a secas», incluso abandonando la posibilidad de disputar los sentidos y usos de lo pornográfico o de polemizar con aquello que impide o dificulta que esa misma disputa ocurra, como por ejemplo, la ley de calificación cinematográfica.

En este sentido, me parece más interesante prestar atención sobre las transformaciones que ocurren en las políticas de producción y representación de lo sexual explícito en un amplio sentido, lo que invita a una reflexión que desborda la disciplina cinematográfica y el interés exclusivamente artístico, tocando formas de activismo y cruzando campos como las artes escénicas o incluso las pedagogías. El hecho que exista una reflexión política en la producción pornográfica implica también pensar los modos en que se negocia una escena, la cuestión del consentimiento y algunas regulaciones que las mismas personas que actúan han ido creando, muchas veces de forma autónoma y situada, lo que afecta la dirección actoral, el casting o incluso el grado en que una escena sexual es parte del curriculum teatral. También está el porno hecho en casa, a pulso, desprendido de la maquinaria del rodaje, lo que en parte se sostiene dadas las condiciones de mayor acceso a formas de registro a la mano y de circulación digital. La accesibilidad al porno vía internet tiende a ser el punto de partida de los pánicos morales en relación a su supuesto efecto pernicioso en menores de edad, lo que supone una pregunta interesante para la educación sexual, a la que los mismos grupos conservadores le temen por considerarla una práctica (también «perniciosa») de incitación al sexo. Y allí mismo encontramos proyectos como Sex School que crea un puente inédito y radical entre pedagogía y pornografía. Por todo esto, lo sexual explícito pasa también a ser una política de exhibición que rompe los márgenes de la admisibilidad erótica y creo que allí muchos activismos que han incursionado en el espacio pornográfico empujan limites en los que el cine identitario LGBTI+ se ha ido acomodando, sea desde el activismo gordo, los movimientos de diversidad funcional, la ecosexualidad, las luchas anticoloniales, entre otros.

Por Ivan Pinto

Enlace a evento entrevista en blog El Agente Cine: http://elagentecine.cl/entrevista/otro-porno-es-posible-nicola-rios-director-de-excentrico-fest/